miércoles, agosto 16, 2006

Ritual.

Llegó el día. Desde la madrugada Mario había estado escuchando el murmullo de los preparativos. Tenia mariposas en el estómago, mezcla de nerviosismo e incertidumbre.
Realmente no sabía nada, el ritual era algo muy secreto y respetado en la aldea; nadie había osado nunca revelar ni el más minimo detalle de tan esperada ceremonia.
Tras la lona de su jaima ,Mario vió la sombra de su madre que se acercaba a despertarle para comenzar su preparación.
Sorprendentemente, la preparación no fue lo que él esperaba. Un estupendo desayuno, millones de cuidados, un relajante baño, y un masaje espectacular realizado con hungüento de loto.
Se iba acrecando la hora.
Madre se aproximo a él, - toma -, dijo mientras acercaba a su boca un tazón con algún tipo de aceite de olor un tanto agrio.
- Bebe -, sugirió con una mirada liquida, casi vacia.
En ese momento padre cogió a su muchacho del brazo, fijó su mirada en él y dijo, - espero que estes preparado Mario, ser adulto no es plato de buen gusto-. Y, acto seguido, le guió hasta el mismo centro de un círculo de piedras en el cual había unas estrañas y enormes bolas marrones frente a el.
-no es complicado, dijo padre, lo difícil es soportar la humillación, comencemos, come.
Mario tomó una gran bola, la acerco a su boca. Entonces, se dió cuenta de que se trataba: era estiercol. Cuando superó la primera impresión hizo amago de masticar.
-No hijo, no. Este ritual es como la vida, tienes que tragarlo, sentirás un sufrimiento atroz, pero al terminar, el alivio te parecerá felicidad.

lunes, mayo 22, 2006

Dulce apocalipsis.

Allí estaba, muy temprano, todavía de noche. Preparaba aquellos deliciosos bollos que dasayunaría todo el barrio antes de comenzar su jornada.
Allí estaba, con la mirada perdida. Con la mirada perdida dentro de aquel montón de jalea rosacea que había preparado para su debut. Esperando que se fundiera lentamente y se mezclara con aquel ingrediente especial.
Mas tarde comenzó a preparar las guindas, con mucho cuidado de camuflarlas perfectamente. Pelando las corneas, carmelizandolas, y colocandolas una a una en las tartas de manzana.
Una hora más tarde sacaba del horno las napolitanas de carne, los pequeños bocaditos de entrañas, los pastelitos viscosos rellenos de crema y hiel.
-Hace una bonita mañana hoy.
Y con esta frase dicha a la nada comenzó a llenar los anaqueles con todas sus creaciones especiales.
-Hace una bonita mañana, un precioso día para el apocalipsis.